miércoles, 22 de febrero de 2017

Cátedra de San Pedro en Antioquía


Se celebra hoy el día de la Cátedra de San Pedro en Antioquía, la primera sede del Príncipe de los Apóstoles, día propicio para una (enésima) reflexión sobre su actual sucesor en la sede romana, el Papa Francisco. Y me ha dado pie a esta reflexión un artículo reciente de Juan Manuel de Prada. 
Ya en otras ocasiones habíamos discutido  sobre el peligro que corremos al criticar severamente al actual pontificado, peligro que consiste en caer en la ideología de creer que “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, es decir, que cualquier papado anterior al de Bergoglio fue mejor, y que este personaje es una sorpresa que nos provoca una desazón que ningún otro podría haber provocado. Y la cosa no es tan así. 
No cabe duda que el Papa Francisco y su pontificado son calamitosos, probablemente uno de los peores de la historia, y si todavía hay historia por venir, así será recordado. Sin embargo, la realidad es -y la ideología podría obnubilarnos y no verla- que los pontificados inmediatamente anteriores fueron casi tan malos como el actual. El condimento que Bergoglio agrega, y por eso se nos atraganta con tanta facilidad, es su desparpajo, su ordinariez y su vulgaridad pero el río que corre en el fondo, es el mismo, aunque ahora lleve más espuma.
El mundo conservador se escandalizó en los últimos meses porque Francisco visitó Suecia para “celebrar” el inicio de la Reforma protestante. Allí fue recibido con honores por obispos y obispas, y no tuvo el menor gesto crítico con respecto a Lutero y a su herencia. No es para menos nuestro enfado. Sin embargo, como ya dimos cuenta hace un año, el 16 de septiembre de 1975 el papa Pablo VI se arrodilló ante el metropolita Melitón de Calcedonia, arzobispo ortodoxo, y besó sus pies, y casi una década antes, en 1966, al encontrarse con Michael Ramsey, arzobispo de Canterbury, se sacó el Anillo del Pescador y lo puso en el dedo del obispo anglicano. ¿Y no recordamos, acaso, el penoso espectáculo que dio Juan Pablo II en Asís en 1986, cuando puso nuestra fe en igualdad no sólo ya con otras confesiones cristianas sino con cultos idolátricos?
Nos enojamos y refunfuñamos porque Francisco se complace en aparecer en todos los medios mundanos, con una sonrisa de oreja a oreja que bien sabemos los argentinos que es falsa, y aspira a ocupar el puesto de liderazgo mundial del progresismo. ¿Es que hizo algo distinto Juan Pablo II? El que había sido actor amateur en su juventud, se consumó en su madurez, cuando aparecía como una estrella más de la televisión y gustaba rodearse de celebridades como Mohamed Alí o Bob Dylan. Y si de gestos teatrales hablamos, es cuestión de mirar los videos de Pío XII o su famosa foto en San Lorenzo Extramuros luego del bombardeo para darse cuenta de su impostación actoral. Bastante saben al respecto los italianos, según podemos ver en este video (para reír). Más aún digo, ¿no fue acaso Pío IX quien comenzó a repartir Urbi et Orbi estampitas con su imagen? ¿Desde cuándo se había visto en la Iglesia católica tamaña idolatrización del figura del Papa? Allí debemos buscar los polvos de estos lodos.
Estamos a punto de lanzar una nueva cruzada porque Francisco nebulosamente se ha pronunciado a favor de permitir la comunión a los divorciados vueltos a casar, y clamamos al cielo por esta profanación del sacramento del matrimonio. Nos olvidamos que desde hace décadas los recasados reciben la eucaristía. Yo mismo lo he visto en iglesias de pequeñas ciudades argentinas; qué no pasaría entonces en las metrópolis europeas. El problema es que se trata más bien de la profanación del sacramento de la Eucaristía, la que tiene larga data. Es cuestión de rememorar que Juan Pablo II -una vez más-, daba la eucaristía a Marcial Maciel, sabiendo las atrocidades que este sacerdote había cometido, y promovía la Jornada Mundial de la Juventud y otros encuentros masivos similares, donde la Sagrada Comunión era distribuida en recipientes de plástico, pasada de mano en mano y recibida por cualquier atolondrado -millones de ellos-, que formaban fila mientras tarareaban canciones de moda. Me parece una profanación mucho mayor. 
El Papa Francisco no es un extraterrestre que se posó mágicamente en el Vaticano. Es el fruto podrido de un proceso que comenzó hace más de un siglo y medio. Sin ese proceso no pueden entenderse Bergoglio y tampoco Juan Pablo II y Pablo VI. Más aún, sin ese proceso no puede entenderse el Vaticano II. Aquellos que cándidamente añoran volver a los venturosos años del pontificado de Pío XII no caen en el cuenta que fueron los obispos elegidos por este pontífice los que votaron alegre y tontamente todos los documentos del Concilio, a los que sólo un puñado de prelados se opuso. 
No estoy defendiendo a Bergoglio ni a su pontificado. Lo señalé como una calamidad desde el día mismo de su elección. Estoy advirtiendo simplemente del error que significaría achacarle a él todos los males de la Iglesia, pintar de rosa el pasado, confundir al cardenal Burke con San Atanasio y terminar cayendo en la ideología. 

lunes, 20 de febrero de 2017

Los pocos

Entrada de Oriel College, del cual Newman era fellow. 

Especialmente cuando reflexionaba a solas, me venía la idea de que una auténtica transformación no la llevan a cabo los muchos sino los pocos, no los grupos o corporaciones sino las personas concretas.

Cardenal John Henry Newman, Apologia pro vita sua, c. I.

viernes, 17 de febrero de 2017

Avisos parroquiales


1) Se cumple este año una década del Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI con el que, luego de más de cuarenta años de injusticias,  se permitió que la Santa Misa en rito romano tradicional pudiera ser celebrada nuevamente por cualquier sacerdote y no se privara ya más a los fieles de ese tesoro de la Tradición.
Por tal motivo, la peregrinación que realizan anualmente a Roma las comunidades de sacerdotes, religiosos y fieles laicos ligados a la Santa Misa Tradicional revestirá en esta ocasión un carácter especial. Se está organizando desde Argentina un grupo que viajará para este acontecimiento, aprovechando la oportunidad para conocer profundamente los lugares de la Urbe más significativos para nuestra fe y nuestra cultura. En cuanto la información esté disponible, la haré conocer por este medio.

2) Nuestro amigo Jack Tollers acaba de publicar en su sitio Et voilà una nueva traducción. Se trata esta vez del artículo Acerca de la solemnidad: una cuestión esencial por Peter Kwasniewski. Una nueva e interesante mirada a la crisis litúrgica que sufre la Iglesia desde el Concilio Vaticano II. 

jueves, 16 de febrero de 2017

Las diversiones del rey


Creo que, desde Luis XIV, el Rey Sol, monarca absolutista más paradigmático de Occidente, que no asistíamos a un espectáculo de despotismo como el que está brindando al mundo el misericordioso Papa Francisco.
Hoy nos enteramos que ha enviado al Cardenal Burke a la isla de Guam, ubicada en medio del océano Pacífico, a investigar un oscuro caso de abuso sexual, ocupación en la que presumimos pasará varios meses, o años.
Cualquiera de nosotros puede imaginar las carcajadas que en estos momentos se escucharán en los apartamentos pontificios de Santa Marta.

¡Viva la misericordia!


miércoles, 15 de febrero de 2017

Carnet de católico tradicionalista

Días atrás, un lector pidió con insistencia que publicara los lugares donde se celebra la misa tradicional que él enviaba, y resultó ser que eran solamente los lugares donde tienen prioratos o algún centro la FSSPX. No cabe duda que la Fraternidad tiene un liderazgo, sobre todo en Argentina, en mantener la misa tradicional, y eso debe ser definitivamente reconocido. Pero, a Dios gracias, la misa tradicional la celebran también regularmente muchos sacerdotes que no pertenecen a la FSSPX. Y cada vez en mayor número. En varias diócesis argentinas se trata de misa dominicales: San Miguel, La Plata, Mendoza, San Rafael, San Luis, Villa María y otras más. En otros países de Latinoamérica sucede lo mismo.
En Estados Unidos casi todas las diócesis (y son cientos) tienen misa tradicional, y lo mismo ocurre en Europa donde hay parroquias donde solamente se celebra ese rito, por ejemplo, las que tienen a su cargo la Fraternidad San Pedro o el meritorio Instituto Cristo Rey, o la parroquia Saint Eugene de París, atendida por sacerdotes del clero secular.
Esta realidad, que a veces nos resulta desconocida, me impulsa a reproducir un artículo que escribió hace algunas semanas el director de Adelante la Fe, don Miguel Ángel Yañez. Llamo la atención particularmente de lo que afirma de la nota (1).

Hay una serie de personas y grupos que día sí y día también, a golpe de teclado en blogs, foros y redes sociales, se encargan de repartir carnets de católico “tradicional” (1) puro o impuro, auténtico o liberal, sentenciando con todo tipo de anatemas a quienes no compartan su punto de vista sobre qué hay que hacer o cómo comportarse en la situación de crisis de la iglesia que vivimos.
Se empeñan en que el elemento de corte no sea tener la misma Fe, sino compartir la dogmatización de su criterio acerca de cómo actuar. En líneas generales, para una gran mayoría de estas personas parece que es absolutamente imprescindible que los sacerdotes tengan algún tipo de irregularidad canónica como marchamo de autenticidad tradicional, y aquellos que no la tienen, ya pueden decir o hacer lo que quieran, que son rápidamente denostados como apestados por ser “tradi-liberales”, “primaverales” o similares (léase persona que mantiene la Fe católica 100%, pero no ha sido sancionado por la autoridad o no comparte el criterio sobre qué hacer de algunas personas o grupos).

Con semejante principio, la disgregación de estas personas en grupúsculos que a su vez tienden por naturaleza a seguir subdividiéndose crece hasta el infinito, puesto que todos excluyen a quien, aun compartiendo la Fe, disienta en su forma de actuar en algún punto.
No se trata aquí de hablar de casos concretos, sino de hacer un llamamiento al sentido común y a la unidad. Desgraciadamente no existe un catecismo de cómo comportarse ante una crisis de estas dimensiones en la Iglesia, y podría ser que varios enfoques o “carismas” sean igualmente válidos y complementarios. Estamos en una auténtica batalla, donde como en un ejército deben existir todo tipo de combatientes, desde los aguerridos soldados de primera línea y operaciones especiales, hasta los ingenieros, intendencia e incluso espías camuflados entre el enemigo. El punto de unión de ese ejército siempre debe ser los mismos ideales, y lo que no puede ser es que nadie pretenda imponer que el ejército sólo debe componerse de la tropa a que corresponde su pelotón, pues estaríamos deslizándonos peligrosamente hacia el sectarismo.
La Comunión con la Iglesia, la auténtica, no se basa SÓLO en tener el “sellito”, el “papelito” canónico, como le llaman algunos, y mucho menos aún en no tenerlo. La misma se fundamenta en dos puntos jerarquizados, unidos e indisolubles: La unión en la misma Fe y el vínculo canónico con la autoridad.
Primero es la Fe, nos debería unir la misma Fe que tenga el papa y los obispos y luego, COMO CONSECUENCIA, DERIVADO E ÍNTIMAMENTE INDISOLUBLE LA UNIÓN CANÓNICA A ELLOS. Pero ¿y si la propia autoridad rompe el vínculo en la Fe, fundamento y fuente de la unión canónica? Pues es evidente que se estaría creando una situación anómala de la cual es responsable la propia autoridad que la rompe, y no el fiel o clérigo que la sufre, lo cual a su vez, dicho sea de paso, tampoco justifica que hagamos lo que nos venga en gana. Y digo anormal porque ante dicho hecho, se tenga o no el “papelito”, nadie estaría en comunión auténtica con dicha autoridad, porque la comunión en la Fe no existiría en ningún caso, pero no por decisión del inferior, sino del propio superior que la ha roto.
Estaríamos así ante dos supuestos que vemos en el mundo tradicional:
1) Por un lado quienes no tienen ni comunión de Fe ni canónica con la autoridad (2).
2) Por otro lado quienes por mucho que lo disimulen y camuflen tampoco tienen comunión de Fe, pero sí canónica, lo cual en realidad no sería más que una apariencia de Comunión. Estaríamos ante una nueva tipología de división en la iglesia en la que existiría una apariencia de comunión con la autoridad sin unión en la Fe –lo cual como hemos visto jamás sería una auténtica Comunión-, y dicho sea de paso sería una situación también absolutamente anormal sin precedentes a pesar de la apariencia de normalidad.
Como ven la situación es sumamente confusa para unos y para otros y esto debe hacernos bascular prudentemente hacia no querer imponer a los demás nuestra opinión de qué hacer o de lo que está por venir, que sólo Dios sabe. Si mantenemos la misma Fe, elemento principal de Comunión con la Iglesia roto por la propia autoridad, debemos considerar a los demás hermanos de la lucha y –a lo sumo- rezar por ellos y dialogar serenamente sobre aquellos puntos pragmáticos que pensemos sean conflictivos, pero siempre asumiendo con caridad que son personas tan católicas como nosotros, en una situación extremadamente confusa, y no queriendo imponer de forma dogmática y sumarísima nuestro particular punto de vista en una situación en la que lo más parecido donde mirarnos sería en la época del arrianismo, donde la Iglesia ha canonizado a grandes Santos confesores como San Atanasio y San Hermenegildo, que demostraron con sus hechos que no existe comunión verdadera sin comunión en la Fe. Recordemos también que en la historia de la Iglesia ha habido incluso grandes santos, como San Vicente Ferrer, que en su época se adhirieron erróneamente a un antipapa pero, a pesar de eso, han sido canonizados por la iglesia, por lo que no debemos fulminar tan categóricamente a quien sea nuestro hermano en la Fe pero pensemos se equivoca en alguna decisión práctica en estos momentos de confusión.
El simple fiel no tiene porque ser un experto en derecho canónico, y por ello debe siempre tender a lo más prudente y seguro bajo el criterio de la comunión en la Fe íntegra sin soluciones extremistas, alocadas e imprudentes, manteniendo en cualquier caso el principio de autoridad y no tomando decisiones por su cuenta. Un laico -o un clérigo- no es nadie para decidir quien es papa o quien no, por ejemplo. Es mejor esperar la decisión de la Iglesia que anticiparse a ella. Sinceramente no veo porque si se puede estar “regularizado” canónicamente y quitar a sacerdotes y fieles quebraderos de cabeza “canónicos”,  incluso si sólo fueran aparentes, habría que estar irregularizado como si eso fuera nuestra garantía de catolicidad. No le veo ningún sentido excepto el pretender mantener nuestra capillita particular.
Tengamos también presente que Dios suscita nuevas almas y autoridades que se van uniendo al combate y que, como muchos de nosotros, y como Dios hace muchas veces las cosas, se incorporan gradualmente a la batalla. Si nos dedicamos a descalificarlos buscando en su pasado elementos que podrían parecer incoherentes, o algunas opiniones inmaduras, jamás podría salir un nuevo defensor de la Verdad, porque a todos objetaríamos algo, incluido a la mayoría de nosotros mismos. Miremos pues no tanto que hicieron, sino que hacen en la actualidad o hacia qué están dirigiéndose claramente, y tengámoslos como una esperanza y no como un enemigo. Quien siembre lo contrario se equivoca gravemente.
In necesariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas – En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad (San Agustín).

Miguel Ángel Yáñez

(1) Estrictamente hablando no existe el católico “tradicional”, o se es católico o no se es. No pude existir un católico “no tradicional”, máxime cuando la Tradición es una de las fuentes de la Revelación.

(2) Hablo siempre de la autoridad en un sentido amplio, lo que no quita que ha habido y hay honrosas, pero bien escasas, excepciones en la jerarquía. Desde hace 50 años, por acción u omisión, la jerarquía viene rompiendo la unidad en la Fe.

lunes, 13 de febrero de 2017

El liderazgo de Francisco

La semana pasada, el académico italiano Loris Zanatta publicó en Clarín una columna fuertemente crítica al Papa Francisco. Tras una primera lectura, pareciera que le cuestiona que no es suficientemente liberal. Sin embargo, detrás hay una crítica mucho más profunda y cáustica. Le dice en la cara que es un ignorante. Y lo prueba con los hechos. 
No es novedad. Lo venimos diciendo en este blog desde el inicio mismo de este catastrófico pontificado. Lo que llama la atención es lo siguiente: ¿cómo es posible que un hombre que documenta diariamente su ignorancia cuando abre la boca siga manteniendo el liderazgo que posee? La mediocridad de Bergoglio ya no es solamente señalada por algunos blogs “ultraconservadores”, sino también por intelectuales de peso como Zanatta. Ya no es solamente un chiquilín el que se ríe porque el rey está desnudo, sino que los notables del reino también lo admiten. Y, sin embargo, el rey sigue reinando de lo más campante.
La pregunta que me interesa discutir en este artículo es sobre quiénes ejerce su reinado el rey, o bien, quienes se recuestan sobre el liderazgo de Bergoglio. Dentro de la Iglesia, es el líder indiscutible del sector más progresista del episcopado, encabezado por el cardenal Marx. La mayor parte de los obispos son solamente adulones y no reconocen otro liderazgo más que el de aquel que ostenta el poder y cambiarán de fidelidades cuando cambie el Papa. Sin embargo, Francisco está perdido el liderazgo en un amplio sector de fieles que nunca se rebelará contra el papado pero que toma distancia de sus enseñanzas. Las desventuras de la enamoradiza Leticia no ha caído bien en aquellos fieles que, justamente, se han mantenido fieles a la doctrina de siempre por el sensus fidelium.
En el ámbito político internacional, Bergoglio lidera la izquierda. Y este liderazgo no se lo atribuyo yo, sino que se lo asignó hace algún tiempo el Washington Post. Y no hacen falta muchas luces para darse cuenta que es la referencia del progresismo: desde el de Hilary Clinton hasta el de los medios masivos de comunicación. En un mudo que está girando a la derecha, ellos lo han aupado como su líder. Y como tal lo presentan los vicarios de los poderes oscuros. Basta abrir cualquier diario para darse cuenta. 
Un caso particularmente sintomático ocurrió hace pocos días. El Super Bowl es la final del campeonato nacional de fútbol de Estados Unidos, un encuentro deportivo que es visto por cientos de millones de personas. Pues bien, para ese encuentro el Papa Francisco envió un mensaje que fue transmitido durante el partido. La pregunta que enseguida viene a la cabeza es cómo fue posible que el jefe espiritual de la Iglesia Católica haya conseguido tamaño privilegio en un evento mundano si los hay y en los que cada segundo vale millones de dólares. La respuesta es sencilla: porque cuenta con el apoyo de toda la progresía que no escatima en gastos a la hora usarlo como ariete contra Trump, y él aprovecha para consolidar su liderazgo. 
Por otro lado, no dejo de asombrarme que teniendo tamaña oportunidad y tamaña audiencia, el Vicario de Cristo no hay hecho la más mínima alusión no ya a Nuestro Señor, sino al mismo Dios. Sus palabras fueron las de un líder terreno: la paz, el encuentro y la solidaridad; lo mismo que podrían proclamar Ghandi, Rigoberta Menchú o John Lennon. No puedo dejar de recordar uno de los capítulos finales de El Señor del Mundo de Benson, cuando Felsenburg se dirige a la humanidad entera que está pendiente de sus palabras llevando un mensaje de paz...
Si alejamos un poco el zoom del panorama que estamos pintando, nos encontraremos con un cuadro interesante: pareciera que el papado ha retomado el liderazgo que tenía en épocas medievales, cuando todos los reyes y soberanos cristianos le estaban sometidos y su palabra era apreciada por todos los hombres. Claro que hay una diferencia: los soberanos que ahora se le someten no son ya cristianos y su palabra es recibida y aplaudida por un mundo que apostató de Cristo. En pocas palabras, el Papa Francisco es el líder del enemigo
Vicario de Cristo, Sucesor de Pedro y líder de las Fuerzas Oscuras: ambigüedad si las hay. 

viernes, 10 de febrero de 2017

Los espíritus falsos

Espíritus falsos son aquellos que no tienen el sentimiento de lo verdadero, y sí sus definiciones; que miran en su cerebro, en lugar de mirar lo que tienen ante sus ojos; que, en sus deliberaciones, consultan las ideas que tienen de las cosas, y no las cosas mismas.” Joubert

Bienquisto don Gabino:
Cuando la neblina parece impenetrable, hay que pegarse al suelo para ver más lejos. No hay que renunciar a la cabeza, digamos, sino abajarla para no confundir figuras y acabar estrellados. Y eso es propio de los buenos espíritus, que por hacerse pequeños Dios le concede su sabiduría. 


Tengo en mi contra ser joven y no ser erudito; y a mi favor, sólo este pequeño y descosido libro que encontré en mi biblioteca y que ahora releo con gusto. Se trata de “La cabeza bien formada” de Charmot (lo conseguí hace un años a $10 en el desecho de un colegio “católico”). Tiene que ver con algo que conversábamos en la última tertulia: sobre cómo distinguir los falsos espíritus, sobre cómo prevenirse de no caer en sus redes, sobre cómo evadirse de sus abanderados, e via dicendo… 
Sería divertido rememorar ese encuentro y dejar que los amigos continúen masticando el asunto. Pero mejor parece proponer un punto de partida más alto. Y por eso se me ocurrió enviarle algunas líneas preclaras, que bien pueden servirnos de prevención, examen y reflexión. 
Siempre será conveniente no decir nada, cuando uno no tiene nada por decir. Así, pues, sin más dilaciones, transcribo aquí lo que me interesa compartirle: 
Sobre los espíritus geométricos:
. “Llamamos así a los que carecen de espíritu de sutileza en los problemas donde la verdadera solución no es hallada más que por el espíritu de sutileza (…) el espíritu geométrico, vigoroso en el razonamiento, se convierte en espíritu falso cuando emplea la lógica abstracta y deductiva donde ella no tiene lugar y donde la verdad, como el agua de las mallas de una red, escapa a las prisiones del raciocinio.”
. “La lógica abstracta y rigurosa de un Alcestes transforma todas las relaciones sociales en disputas, en duelos, en roces, en rupturas.”
. “El espíritu de sutileza es intuitivo; como discierne las relaciones que las cosas tienen entre sí, una nota, una palabra, un color, un gesto, le bastan para descubrir todo un mundo de correspondencias y de armónicos en lejana vibración”.
. “La estrechez de espíritu puede provenir de la mezquindad de carácter (…) La estrechez de espíritu resulta de una vista reducida del mundo.”

Sobre los espíritus denigrantes:
. “Los espíritus denigrantes son ciegos en parte; miopes, si se quiere. Dotados de una percepción aguda del mal, no perciben para nada el bien; y por eso mismo carecen de clarividencia, de discernimiento, es decir, de espíritu crítico en el buen sentido de la palabra.”
. “Un juicio es siempre una especie de confesión; por sus apreciaciones se manifiesta el valor de su inteligencia, de su gusto, de sus principios, de su sentimiento. Con frecuencia se traiciona la propia mediocridad a los oídos de los conocedores. La incomprensión de ciertas sutilezas de razonamiento o de profesión artística aparece ridícula ante quienes tienen el sentido de ella.”
. “Los espíritus justos comprenden la necesidad de estos miramientos saludables que manifiestan la bondad de la Providencia; y al mismo tiempo mantienen la absoluta firmeza de los principios. Los espíritus mal formados no comprenden esta actitud y no perdonan a las personas; la verdad es en sus manos una fuerza orgullosa que no se contiene y que aplasta a los débiles.”
Y el autor avanza en sus pensamientos, desenmascarando los espíritus en facetas, no realistas, apasionados, superficiales. Pero hasta aquí lo referente a la reunión pasada, y a una cierta propensión que puede hallarse en algunos blogs y otros comentadores de "tecla fácil". 
Al que le quede el saco, ¡que se lo ponga!
Con la amistad a cuestas, lo saluda
El poeta